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¿Quién no ha oído contar la vieja historia del cateto que vendía estampitas verdes al precio de veinte duros? Los ojos de la víctima a la que se los ofrecía enseguida se metamorfoseaban en $$$, como los del tío Gilito. Claro que luego venía el tirarse de pelos y rasgar de vestiduras cuando descubría que lo que parecían billetes de mil eran en realidad recortes de periódico. Mucho ha llovido desde entonces, pero lo cierto es que nuevos timos y fraudes y transposiciones a Internet de otros muy antiguos continúan perpetrándose al amparo de la gran red de redes. Los timadores del fin de milenio ya no se disfrazan de baturros ni llaman a los timbres de puerta en puerta, en busca de ancianitas ingenuas y de buen corazón. No, qué va. Los timadores de hoy en día pueden dirigir grandes compañías, estar al frente de pequeñas empresas o tratarse de ladronzuelos de poca monta aunque con elevados conocimientos tecnológicos. Eso sí, todos comparten una cierta astucia y falta de escrúpulos. Las víctimas ya no son unas pocas abuelitas, sino millones de internautas, a menudo con buena formación y cultura. La Comisión Federal de Comercio (FTC) de EEUU ha decidido tomar cartas en el asunto y legislar en esta materia para proteger al incauto navegante. Nada mejor para abonar el terreno de un fértil y productivo comercio electrónico que sentar las bases de una red segura y a salvo de estafadores. La acción conjunta emprendida por la FTC, Justicia, la industria y asociaciones de consumidores persigue la creación de un clima propicio para el desarrollo sin trabas de la nueva economía digital. Con este fin, pretende crear una red internacional de agencias de protección al consumidor. Recientemente, el 31 de octubre, y como parte de sus acciones en la lucha contra el fraude en Internet, la FTC ha publicado un informe sobre las diez estafas más frecuentes, basándose en los datos recogidos en una lista de más de 285.000 quejas de consumidores. El objetivo de la publicación de este "Top 10" reside en informar a los consumidores de cuáles son estos timos y qué deben hacer para no ser engañados. En concreto, las diez quejas más frecuentes de los consumidores son las siguientes:
Como se ve, muchos de estos fraudes no están pergeñados por chorizos con conexión a Internet, sino por grandes compañías, como Telefónica: el timo del ADSL (demoras en la instalación, cortes, velocidad inferior a la esperada, precios abusivos, mala atención al cliente, escasez de técnicos cualificados, reclamaciones inhumadas en el silencio administrativo), el timo anterior de InfoVía (cortes, cobro por llamadas fallidas, etc.), cobros en facturas de servicios nunca solicitados, como llamada a tres o desvío inmediato de llamadas, que mientras el cliente no rechiste se los cobran, al módico precio de 200 pesetas al bimestre, ... En fin, qué les voy a contar. Picardía, astucia, descaro... Hay timos, como los de Telefónica, con los que no queda más remedio que comulgar. Veremos qué pasa con la paulatina liberalización del mercado de telecomunicaciones. En otros casos, no peque de beato, que tanta bula papal prometiendo porciones de cielo a precio de saldo y avemaría no puede sino encerrar gato muerto. En su mayor parte, los timos y fraudes explotan la ingenuidad y buena fe de las víctimas y también su codicia. El afán por hacer dinero fácil o encontrar chollos puede perder a más de uno. Si parece demasiado bueno para ser verdad, no lo dude, no es verdad. Desconfiar de la palabra GRATIS y de los precios increíbles, huir de compañías con las que no existe ningún otro medio de contacto además de una página web y nunca instalar programas sospechosos para obtener contenidos gratuitos son normas básicas para evitar el fraude. Más vale comprar en comercios de reconocido prestigio que aventurarse a adquirir chollos sin garantía alguna. Nadie vende duros a cuatro pesetas, y menos en los tiempos que corren. Publicado en el Boletín del Criptonomicón #76
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